Me pongo a pensar muchas veces que quizá sea la melancolía de la nieve la que me pone así.
Así no nieve. Me siento en una calle solitaria, pero llena de gente gritando, alegre, celebrando...sí, quizá no tenga coherencia. Pero así me siento...
Es como un vaso, un vaso que está sediento a pesar de estar lleno. Y está tan lleno que se derrama su contenido lentamente, de la misma manera en que los ojos se sienten llenos, y el alma sigue sedienta... así me siento...y qué... qué pasa...nada. Qué más da. A nadie le interesa una estúpida alma soñadora en este mundo. Un alma vaga, que pretende ser fuerte...
A través de los cristales se ve el mundo de muchas maneras, y más si está lloviendo. Se ve borroso y distorsionado. Como lo veo ahora.
Soy un vaso que espera ser tomado, para saciar la sed de algo...o de alguien. Sentir sus labios en el borde, su satisfacción después de haberse refrescado. Quizá sea un vaso plástico...de esos rojos desechables... los de las fiestas. En donde sirven los licores. Te consumen, los embriagas y te botan.
Alguna vez le dije a la calle: "Soñar también embriaga, y lo mejor es que no la cagas". Y la gente sigue vomitando.
Sigue nevando...y está haciendo frío...

